viernes, abril 30, 2010

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IV JORNADA DE GENEALOGÍA ARAGONESA



Barbastro (Huesca), 8 de mayo de 2010


Horario: de 10:15 a 18:30 horas


Lugar de celebración:
Conjunto de San Julián y Santa Lucía
Avda. de la Merced, 64 22300 Barbastro



Conferenciantes:

Luis Alfonso Arcarazo, María José Fuster,
Juan José Nieto y los miembros de
ARAGONGEN: Gonzalo Vázquez y Antonio J.
Emperador.

Organizada por la ASOCIACIÓN CULTURAL DE GENEALOGÍA E HISTORIA DE ARAGÓN
ARAGÓNGEN


Información e Inscripciones:

Por correo electrónico [ aragongen@aragongen.org ], en la web de la Asociación [ http://www.aragongen.org/ ] o el mismo día de la jornada.


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domingo, septiembre 28, 2008

El obispo de Barbastro (siglo XVII) y sus “fieles” vasallos...

En pleno siglo XVII, se celebraba todavía un rito feudal por muchos de los pueblos de la montaña aragonesa. Aunque no todos los vecinos se prestaban a ello.

Tras muchos años de pleitos, el Obispo de Barbastro (Huesca) había conseguido hacerse con muchos de los pueblos pertenecientes al monasterio de San Victorián, todos ellos pertenecientes también a lo que hoy es provincia de Huesca. Y no solamente había extendido a ellos su jurisdicción eclesiástica sino que el Obispo había pasado a poseer los mismos derechos y prerrogativas que había disfrutado el Abad de San Victorián, es decir, se había convertido en su señor temporal.

Para tomar posesión de los pueblos que estaban bajo su jurisdicción, el Obispo de Barbastro mandó un Procurador, que en nombre suyo debía recibir el juramento de fidelidad de sus vasallos. Iba acompañado de un notario. Básicamente, la ceremonia se componía de dos partes. En primer lugar se procedía a la toma de posesión de la iglesia. En segundo lugar, el Procurador tenía que recibir el juramento de obediencia del Concejo General de cada pueblo.



Senz [foto M. J. Fuster]

Era el mes de enero del año 1678, después de haber anunciado la visita, la comitiva del Procurador, notario y demás acompañantes fue recorriendo los pueblos que debían prestar juramento y, en cada uno de ellos se repetía el mismo rito. Vemos, por ejemplo, como transcurrió la ceremonia de toma de posesión de la iglesia en Senz:


“Eodem die in loco de Senz en dichas letras nombrado y confrontado el dicho Vicente Frontons official real y mero executor arriba nombrado presente de mi dicho Francisco Cocon notario público y testigos arriba y abajo nombrados, continuando la susodicha possesión y en fuerza de los mismas letras dio el dicho Juan Thomás Pérez, procurador sobredicho, la verdadera real actual ycorporal possessión de la iglesia parroquial de dicho lugar de Senz. Y en señal de verdadera posessión le cogió de la mano derecha y le entró en dicha iglesia y le passeó por ella y le llebó al altar mayor y en él adrezó y aliñó los manteles y en un libro missal que en el había en alta e inteligible voz dixo la oración siguiente: “Concedenos famulos tuos que sumus domine...” y abrió y cerró las puertas de dicha iglesia y hizo otras cossas denotantes de la verdadera real actual y corporal possessión de dicha Iglesia, y ésto publicamente, pacífica y quieta y sin contradición de persona alguna.”



Viu [foto M. J. Fuster]

Durante la estancia del Procurador en Senz se reunió también con el Concejo de Viu, pues, como explica el notario en su escrito: “Por ocasión de la mucha niebe que havía en dicho lugar y camino y que por ella no se podía subir a dicho lugar (de Viu) y que el camino para ir a el estaba intransitable, havía llamado y convocado al dicho General Concejo de uno en uno como es costumbre...”.


Barbaruens visto desde Avi [foto: M. C. Carrera]


La misma dificultad, propia del tiempo invernal, encontraron las autoridades enviadas por el Obispo para ir a Barbaruens, donde tampoco pudieron llegar: “Eodem die, en los términos del lugar de Barbaruens en dichas letras mencionado y confrontado y en la partida llamada “Piedra redonda” y camino público que se va a dicho lugar que por causa de la mucha nieve y estar mucha parte della helada no se puede subir a dicho lugar...”.

Y la escena se volvió a repetir en la visita programada a Relespe, cuyo acto de posesión tuvo que celebrarse en Las Colladas, pues, como se dice en el documento: “y por estar como está el dicho lugar de Relespe muy alto y por lo dicho impedido el camino real para subir a él por ocasión y a causa de las muchas niebes que en el havía y en señal de verdadera posesión le cogió de la mano derecha y le paseó por la calle de dicho lugar y hizo otras cossas denotantes de verdadera, real, actual y corporal possesión de dichos lugares...”.

Lo que resulta más sorprendente es que la comitiva enviada por el Señor Obispo de Barbastro parece que no fue muy bien recibida en algunos sitios, o, mejor dicho, no fue recibida en absoluto, porque los vecinos optaron por desaparecer del pueblo mientras estuvieran presentes tan ilustres visitantes. Este es el caso de Murillo de Liena, donde, después de tomar posesión de la iglesia el Procurador quería recibir el Juramento de fidelidad del Concejo:

“Y hecho lo sobredicho in continenti y en dicho lugar de Morillo de la Liena, el dicho Juan Thomás Pérez en nombre de dicho su principal como Señor sobredicho, en presencia de mi dicho notario y testigos arriba y abajo nombrados, pareció ante la presencia de Gerónimo Ferraz, Bayle, y de Juan de Tolo, Jurado del mismo lugar, a los quales en nombre y voz del para fin y efecto de que prestara el dicho General Concejo de aquél los homenajes de fidelidad a dicho su Principal, les requirió congregarse y juntarse en el dicho General Concejo así, de no hacerlo protestó de lo que según fuero, derecho o en otra qualquiera manera podía y debía protestar e los dichos Bayle y Jurado arriba nombrado dixeron y respondieron que estaban solos en dicho lugar y que todos los vecinos y havitadores del faltaban y estaban ausentes de dicho lugar y sus términos y que en quanto ellos se ofrecían juntos y aparejados a prestar la homenajes de fidelidad a dicho señor obispo en la forma acostumbrada y el dicho Juan Thomás Pérez, procurador sobredicho, oyda la dicha relación en fuerza de dichas letras y continuando las susodicha possesión se asentó en un banco de piedra que en la dicha calle havía y estando assentado los dichos Géronimo Ferraz, Bayle y Juan de Tolo, Jurado de dicho lugar de Murilllo, en sus nombres propios y en nombre y voz de dicho Concejo en la forma y ceremonia acostumbrada juraron por Dios sobre la Cruz en poder y manos de dicho Procurador y en fuerza de dicho juramento dixeron que en sus nombres propios y como concejantes de dicho lugar y en nombre y voz de dicho Concejo y singulares personas, vecinos y havitadores de dicho lugar de Morillo, dixeron que prestaban como de hecho prestaron los homenajes de fidelidad al dicho su Principal, como fieles basallos suyos y que obedecían y obedecerían sus órdenes y mandatos como a señor temporal sobredicho...”.

Lo mismo ocurrió en Las Colladas donde, acabada la toma de posesión de la iglesia, el Procurador les pidió a los Jurados que congregaran el Concejo General, pero ellos le dijeron que aunque era verdad que “el Concejo General de dicho lugar se acostumbraba de tiempo inmemorial a esta parte a congregar y ajuntarse en el dicho lugar de Las Colladas, pero que por la presente no era posible convocar y congregarlo por estar como estaban solos los dos en dichos lugares respectivos por haverse ido los vecinos dellos de dichos lugares y que como tales Jurados y en sus nombres propios y en nombre y voz de dicho General Concejo se ofrecían prontos y aparejados a prestar dichos homenajes de fidelidad a dicho su principal como señor temporal que es de dichos lugares..”.

Urmella [foto M. J. Fuster]



Para terminar nuestro especial recorrido, nos trasladaremos a Urmella. Llegado el momento de reunirse con el Concejo General para el juramento de fidelidad, el Procurador, el notario y su comitiva comprobaron que ningún vecino se presentaba... Entonces:

“El dicho Procurador preguntó a una muger que en dicho lugar había si sabía adonde estaban el Bayle, los Jurados y los demás vecinos de dicho lugar y habiendo respondido en presencia de mi dicho notario y testigos infraescriptos que no había hombre alguno en dicho lugar por dicha ocasión, el dicho Procurador fue por tres o quatro casas que hay en el preguntando y investigando sus vecinos y no habiendo hallado persona alguna protestó de que no estaba por él el no recibir dichos homenajes, sino por la sobredicha ausencia de los Bayle, Jurados y vecinos de dicho lugar”.

Decididamente, hay ausencias que, como los silencios, pueden ser muy elocuentes...

María José Fuster

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domingo, septiembre 30, 2007

Altoaragón: cuestión de competencias y... la visita del obispo

Era el mes de julio, buen mes para visitar los pueblos de los Pirineos. El Obispo de Barbastro (provincia de Huesca) así lo pensó y fue a ver en qué estado se encontraban algunas de las parroquias de su diócesis. Pero, antes de conocer cómo fue una de estas visitas, retrocedamos un poco en el tiempo...


.................Monasterio de San Victorián (Huesca)

Recordemos que el Monasterio de San Victorián, de antiquísima fundación, recibió del rey Sancho el Mayor de Navarra y sus sucesores, los reyes de Aragón, numerosos privilegios. Uno de ellos, no el menos importante, era que el monasterio no estaba sometido a la autoridad de ningún obispo, sino sólamente a la del Papa y la del Rey. Los monasterios de San Pedro de Tabernas, Alaón y Obarra pasaron a depender del monasterio de San Victorián, así como 54 lugares, que estaban sometidos al abad en lo espiritual y temporal.

La creación de la diócesis de Barbastro supuso el ocaso del monasterio altoaragonés. La bula dada en Roma por Pío V, el 15 de junio de 1571, que se puso en ejecución en 1573, asignaba las rentas y posesiones de San Victorián a la nueva sede. Se trataba de un verdadero expolio que dejaba al cenobio sin recursos. El papa Gregorio XIII suavizó un poco la decisión y, mediante otra bula, devolvió al monasterio algunas parroquias. No obstante, los abades de San Victorián no se quedaron conformes y siguieron reclamando. Finalmente, en 1594, una comisión nombrada por Felipe II pronunció una Sentencia Arbitral con la que se quería mejorar la suerte del cenobio y se le cedía cierta jurisdicción sobre las mejores parroquias: Graus, Campo y Torre de Esera. Fueron en total 24 lugares devueltos al monasterio.

Esta Sentencia aún complicó más las cosas, porque creaba una situación muy poco definida. En efecto, algunas parroquias quedaban bajo la tutela del obispo, así es que estaban sometidas a su jurisdicción, aunque sus rectores y párrocos debían ser monjes de San Victorián, por lo que ellos, personalmente, estaban exentos de la jurisdicción episcopal. Así pues: los fieles tenían una autoridad, que era el obispo, mientras que el párroco tenía otra, pues dependía del abad.

Tanto la diócesis como el monasterio destinaron muchas de sus riquezas a gastos de pleitos que no solucionaron nada. Y mientras llegaban tiempos de entendimiento, los litigantes optaron por declararse la “guerra fría”. Un ejemplo de ello se desprende de la lectura de la declaración que hizo el Obispo de Barbastro en su visita a la iglesia de San Vicente de Chía, el 19 de julio de 1792 (aún duraba el problema), que dice así.


...............Foto gentileza de « Rómánico Aragonés »

“Item, mandamos al Rvdo. Padre Abad de San Victorián, como diezmero que es y preceptor de la primicia de esta iglesia, haciéndose cargo de la indecencia vergonzosa en que se hallan las paredes y vóveda sin cal ni blanqueo, feo el pavimento con su desigualdad, sin las correspondientes paredes ni puerta el cementerio, expuesto a ser morada de brutos irracionales y hasta sin crucifijo el mismo altar mayor.

Por tanto, mandamos a dicho Sr. Abad que en el término de seis meses haga componer el pavimento y paredes de dicho templo que amenaza ruina, y por no mediar un espacio o falsa (que igualmene mandamos se haga) entre el techo y vóveda, lo arruinan las goteras que en él caen. Haga repasar la torre de las campanas, haga poner tape de plata en una de las copitas de los Santos Oleos, juntero del mismo material, un crucifijo en el altar mayor, haga nuevo palio, renueve todas las estolas y manipulos que están indecentísimos, mande hacer capas de todos colores....
”.

Sin duda, el obispo estaba atento a todos los detalles y no se le escapaba ningún desperfecto que pudiera reprochar al abad. No creemos que éste le hiciera mucho caso, pues los tiempos que corrían no estaban para pensar en renovar el vestuario, ni arreglar iglesias. A causa de la Guerra de la Indepencia había frecuentes expediciones de franceses y guerrilleros por la comarca, y los monjes se sentían amenazados. En 1794 decidieron trasladar el archivo y las reliquias a otros lugares más seguros. San Victorián ya nunca más volvería a ser lo que fue.

.......................................................María José Fuster


..............Copia del crismón de la iglesia de San Vicente

.............................[« Románico Aragonés »].

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domingo, abril 15, 2007

Manuel Larruy y su "peculiar" dieta

Anselmo Gascón de Gotor: "Aragonés con un vaso de vino"


Nuestro antepasado vivía en Barbastro (Huesca). Se llamaba Francisco Larruy y era maestro alpargatero. Cuando su hijo Manuel se casó con Antonia Barasona, Francisco Larruy le nombró heredero universal, pero reservándose para él el derecho de usufructo de todos los bienes, medida de precaución que solía tomarse casi siempre.

Pasados unos años, Manuel Larruy, el hijo, se puso enfermo y decidió hacer testamento. Era el 4 de febrero del año 1753. En dicho documento nombraba “herederos fideicomisarios de todos sus bienes y en tutores y curadores de sus hijos menores y en executores testamentarios” a su padre, Francisco Larruy, a su mujer, Antonia Barasona, y a un amigo vecino de Barbastro, que se llamaba Jaime Allué.

Al poco tiempo, Manuel Larruy murió. Tal y como estaba establecido en el testamento que había otorgado, las personas que había designado como tutores tenían la obligación de elegir heredero. Así, pues, el abuelo Francisco Larruy fue requerido oficialmente para que acudiera el día y hora señalados a manifestar su opinión. Y allí acudió Francisco.

Antonia Barasona, la viuda, y Jaime Allué, el amigo de la familia, eligieron como heredero a Manuel Larruy Barasona, hijo del difunto, pero para el abuelo esa no era la buena decisión, y, sobre todo, lo que no quería hacer él era renunciar al usufructo que todavía conservaba sobre todos los bienes de la familia. Así es que dijo que no, que él no cedía nada y que no nombraba heredero.

Finalmente, las razones que argumentaron los cotutores y el resto de la familia hicieron cambiar de parecer a Francisco Larruy que, después de reflexionar y comprender que a su edad ya no necesitaba demasiadas cosas de este mundo, accedió a renunciar al usufructo del que aún gozaba, manifestando:

“Y aún para que el expresado Manuel, mi nieto y heredero con más facilidad y menos reparos pueda mejor lograr su estado de matrimonio, y en señal del verdadero amor que le tengo, cedo y renuncio válida y eficazmente en su fabor todo aquel derecho y acción que con fuerza de Señorío y usufructo tengo reservado sobre todos los bienes y universal herencia que quedaron por muerte del dicho Manuel mi hijo y padre de aquél, cuya cesión y renuncia hago”.

Lo que nos llama más la atención de este caso, es la única condición que el abuelo impuso para llevar a efecto su renuncia, que es la siguiente:

“Con la condición y no sin ella, de que dicho mi heredero tenga obligación de darme los alimentos necesarios, a saver es para mi desayuno unas sopas y un guebo y dos dineros de vino. Al mediodía la comida, compuesta con ración de quatro dineros de carnero y dos dineros de vino y la misma ración de carne y vino para cenar con el pan correspondiente de blanco, con tal empeño que no cumpliéndome con estos alimentos pueda yo usar de mi derecho del señorío y usufructo”.



¡Mucha carne y mucho vino! Menos mal que el desayuno lo tomaba ligero...


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